El Ocaso del Hombre Mecánico

El Ocaso del Hombre Mecánico

Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y al universo               (Templo de Apolo, Delfos)

El Potencial

La vida es Voluntad que se va revelando… de dentro hacia fuera, como una semilla, germinando, buscando los nutrientes adecuados para su pleno desarrollo, convirtiéndose, así, en un despliegue continuado de nuestro potencial, nuestros talentos, a través de nuestra creatividad enriqueciéndonos a nosotros mismos y al mundo en la medida que vamos entregando sus frutos.

Pero en este proceso, como analogía y revirtiendo el conocido cuento de los hermanos Grimm, niños y niñas que nacen con todo este brillo encarnado, con una promesa que señala su condición de  “príncipes y princesas”, se van apagando, convirtiéndose, poco a poco  en sapos, perdiendo la espontaneidad de su respuesta, desarrollando miedos, vergüenzas y culpas a través de un modelo educativo que los va alienando y frustrando su despliegue vital.

¿Qué pasó? ¿Dónde quedo el potencial? ¿Dónde quedó nuestra Verdad? ¿Dónde quedó la Verdad Vital de nuestros hijos?

El hombre dual: la construcción del hombre mecánico

Observando un bebé podemos ver que está continuamente  en contacto con su totalidad, su  plenitud, su naturaleza innata; no está condicionado para responder de una manera determinada, sino responde con toda su energía, su afectividad y su inteligencia orgánica a la necesidad vital de cada momento.

En la medida que vamos creciendo, nuestros padres, en primer lugar, y la sociedad, seguidamente, señalan el orden establecido del mundo -lo que está bien y lo que está mal, lo bueno y lo malo- y el niño va sustituyendo su respuesta natural por un modelo mental; deja de habitar el mundo de la experiencia para ocupar el mundo psicológico de la mente.

De esta manera el niño, expulsado del paraíso,  -y  para permanecer, así, en el regazo afectivo de sus padres y garantizar su supervivencia- , va construyendo una idea del mundo –YO IDEA- que irá introyectando (acto de tragar sin digerir),  edificando un modelo vital externo a sí mismo  y que ajusta sus comportamientos innatos al juicio de los padres.

El YO IDEA, tiene un carácter limitativo y no corresponde a la plenitud natural que el niño intuye proveniente de su propio fondo, creando un contraste que señala una carencia: no soy todo lo fuerte, no soy todo lo valiente, no soy todo lo guapo que debería ser. El niño busca su plenitud, pero yerra en la dirección; busca la totalidad en el modelo externamente impuesto en vez de conectar con su fondo innato.

El  contraste entre la demanda de totalidad, de plenitud, y el YO IDEA que el niño acepta ser (más bien se resigna ser), crea un desajuste que lleva hacia una necesidad imperiosa de crear un modelo ideal para el futuro- YO IDEAL-, esto es, un paraíso que contiene el anhelo profundo de completitud y que tratamos de doblegar  a lo largo de nuestra vida al modo de “Ciudadano Kane”: creando un imperio para recuperar a Rosebud, el trineo, la añorada infancia libre, el paraíso perdido.

El YO IDEAL se va concretando y actualizando a lo largo de la vida en forma de continuos y nuevos deseos que señalan y prometen la felicidad: un nuevo trabajo, un nuevo coche, un ascenso, una pareja,…olvidando el fondo, alli donde reside la solución de todos nuestros problemas: la reconciliación con nuestra naturaleza perdida (Energía, Amor, Inteligencia).

Entre estos dos pilares, entre el YO IDEA y el YO IDEAL vamos desarrollando nuestro argumento de vida, caminando con nuestro  PERSONAJE: un cúmulo de creencias y valores introyectados, deseos e imágenes que forman la silueta de nuestro movimiento vital.

Este PERSONAJE, el EGO, es nuestro carácter -cuya esencia se compone de pensamientos y de emociones asociadas al susto por la posible pérdida de amor. El niño aprendió a condicionar su respuesta auténtica, el niño traicionó su verdadera naturaleza, el niño aprendió a vivir mecánicamente…

Descubrir el perfil de este PERSONAJE, su base infantil persistente en el tiempo – el YO IDEA- y la continua proyección hacia la tierra prometida – YO IDEAL-, es de vital importancia  porque significa descubrir el error de base de nuestra vida. Es la respuesta de (casi) todo: conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y al universo.

Vuelta a la unidad: el ocaso del hombre mecánico

La solución no está en el espacio de la pregunta, sugería A. Einstein y, por lo tanto,  reencontrar nuestra naturaleza enterrada requiere revisar y transformar la ecuación que nos lanza una y otra vez al mismo lugar de origen.

La  fórmula lingüística es muy sencilla: hay que cuestionar… hay que encontrar impecablemente nuevas preguntas; cada pregunta contiene y por lo tanto señala su respuesta. Por lo tanto, debemos  aprender a cuestionar con templanza y  disparo certero; ya no se trata de encontrar nuevas respuestas, sino hacer nuevas preguntas.

En este caso, debemos girar la dirección del cuestionamiento que señala el camino hacia el mundo psicológico de las ideas, (¿Qué está bien o que está mal?  ¿Qué es bueno o que es malo?)  y formular preguntas que señalen rotundamente hacia nuestro fondo, atravesando nuestros condicionamientos,  hasta llegar a nuestra Verdad Vital:

En mi fondo, ¿Que es verdad y que es mentira para mi?…en este momento, en estas circunstancias,  en este entorno, bajo estas condiciones”

Si ponemos atención en esta pregunta, encontraremos el camino que nos devuelve los pasos hacia la vía expansiva de la autenticidad y la plenitud.

El ocaso del hombre mecánico, la pérdida del ego y de la respuesta mecánica, abre paso al hombre auténtico, al hombre carismático, quien, en cada momento,  sabe discernir la verdad y la mentira en su fondo.  Es el hombre que despierta de su olvido y vuelve a recordar profundamente quien es. Es el hombre que despierta a su auténtica dimensión y  naturaleza  creativa y, ante todo, a su propósito vital. Y así, este nuevo hombre, vuelve a creer en el mundo  y actúa en consecuencia, en plenitud de sus facultados inherentes con la máxima energía, con el máximo amor y con la máxima inteligencia.

Y alli se revela el milagro que J.W. Goethe pone en boca de Werther:

“…en ese  momento sentía que era más de lo que podía ser, porque era todo lo que podía ser”.

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