“De la crisis no nos sacarán los gobiernos, sino un cambio tecnológico e innovación”

Liaquat Ahamed, historiador y asesor de ‘Hedge Funds’

Con la presentación en sociedad de “Las señoritas de Avignon” de Picasso nace el Cubismo, trazando un nuevo y definitivo  pilar en la concepción de la pintura, traspasando la tradición imperante con el quiebro del último estatuto del  Realismo vigente a principios del siglo XX: la perspectiva.
Se adopta  la llamada «perspectiva múltiple», representando todas las partes de un objeto en un mismo plano; al mismo tiempo y en una única vista se plasman perspectivas  diversas de un mismo objeto representado, evolucionando, en definitiva, de la “representación de lo que se ve” hacia la “representación de lo que se sabe”.
La genialidad de Picasso –influenciado por las esculturas africanas y la pintura de Cézanne- consistió en crear una nueva mirada: transformar la corriente imperante y la expresión al uso, pensar desde otro lugar – con otra lógica- disolviendo el confort estético de una tendencia artística,  quebrando paradigmas existentes.

Hoy en día necesitamos, con urgencia, encontrar nuevas miradas, crear nuevos modelos de negocio para un mundo que ya ha cambiado. Estamos en transición. Necesitamos nuevas miradas para articular las posibilidades del mundo y desarrollar y crear nuevos mercados.

La tecnología, de cierto,  con nuevas propuestas, avanzó imparablemente  en todos los ámbitos de nuestra cotidianeidad y especialmente las tecnologías de la información y la supercomputación con capacidad de realizar billones de operaciones en apenas segundos o fracciones de segundo.
Ahora surge la gran pregunta: ¿para qué sirve toda esa capacidad tecnológica, y dónde encontramos su máximo despliegue?
Para resolver esta pregunta en el contexto de empresa debemos entender  el marco de aplicación de tecnología en los negocios, y que cubre tres grandes ámbitos:
Como dimensión inicial, la tecnología cubre  prestaciones, funciones y servicios específicos. Determina y señala el nivel de supervivencia, donde cada unidad invertida es percibida como coste.
La siguiente dimensión –nivel de proceso-  prestaciones y funciones quedan englobadas en un contexto más amplio contribuyendo a la eficiencia del funcionamiento del conjunto. Determina el nivel de la integración, esto es, el nivel que justifica los procesos integrados para crear sinergias, desarrollar eficiencias y economías de escala.
Y , finalmente, los procesos y las prestaciones y funciones que operan en una empresa se engloban en un marco de actuación. Este marco representa el modelo de negocio. Es el paradigma desde el cual la empresa “piensa” los procesos y demanda prestaciones, funciones y servicios. Esta envolvente determina el sentido último, el propósito de empresa. 

La supercomputación, aplicada a la empresa y los procesos de negocio, tiene su sentido en cada una de estas tres dimensiones pero es, evidentemente, este último nivel  -el cuestionamiento a nivel de paradigma o modelo de negocio- el que despliega su mayor valor ampliando los límites del  propio paradigma empresarial, abriendo puertas que hasta ahora parecían inalcanzables.

El despliegue de la supercomputación alcanzará su máximo valor, cuando las empresas sepan reconocer en la velocidad y la dimensión de la información a procesar, dimensiones inalcanzables por tecnologías anteriores y que abren espacios a nuevos universos de actuación empresarial.
Picasso disponía de capacidad técnica y de genio; análogamente las empresas que adquieran capacidad tecnológica y quieran maximizar su despliegue para liderar sus mercados y desarrollar nuevas oportunidades, requerirán, adicionalmente,  ingenio, esto es, capacidad de innovación para descubrir cómo convertir dimensiones de proceso de información en dimensiones de negocio….porque de la crisis no nos sacarán los gobiernos sino la tecnología y la innovación: ambas.

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